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SANTA BEATRIZ DE SILVA 


A SANTA BEATRIZ
se le ha llamado «La Bella Prisionera, «Lirio de la Inmaculada» «La Perla escondida» y otros apelativos relativos a su vida escondida con Cristo en Dios. Pero siendo una mujer eminentemente contemplativa, bien podemos llamarla “La santa de todos”. Todos estamos llamados a la unión con Dios y a la santidad.

Por ello, esta biografía tiene tres partes bien concretas. y va dedicada a la juventud

En la Primera la vemos niña y adolescente empaparse de la doctrina del Evangelio en el hogar paterno, familia regalada con once hijos, “como brotes de olivo alrededor de su mesa”. Así Beatriz salió de la casa paterna bien preparada y dispuesta para, con la gracia de Dios salvar valientemente los escollos, tentaciones y dificultades propios de este camino a recorrer hasta llegar al destino eterno, que a pesar de haber venido el mismo Hijo de Dios a mostrarnos la senda más corta para llegar, aún hay no pocas personas que se preguntan para qué estamos en este mundo y cual es nuestro destino.
Beatriz, desde niña llevaba en su mente y corazón enamorado de la Inmaculada el anhelo de llegar a hacer algo grande en su honor. Joven adolescente fue introducida en la Corte de Portugal para dama de la princesa Isabel, cuando la princesa celebró su boda con D. Juan II de Castilla trajo a Beatriz en su Sequito como su dama preferida tanto por sus cualidades excepcionales como por ser su pariente

En la segunda: seguimos a Beatriz, joven lanzada por circunstancias de sociedad a la vorágine de un mundo medieval, a una corte real imbuida por un afán desmedido de lujo, honores y riquezas que, admirando la belleza y dotes naturales de la joven fue una trampa para su cristiana virtud, de la que solo pudo librarse gracias a su firmeza en conservar la fe y la moral cristianas, recibidas en el hogar.

Y aferrada Beatriz a la oración y firme en sus convicciones de fe y amor en

la Eucaristía, y en la Virgen Inmaculada, pudo salir victoriosa de tantas tentaciones, halagos, calumnias, amores y envidias queque fueron una verdadera red de lazos tendidos por los enemigos de Dios y de los hombres.

En la tercera parte vemos a Beatriz, joven bien madura a sus veinte o veintiún años, que decidiendo cortar por lo sano, se entregó a Dios con una radicalidad que asombra. ¿Había sido su belleza la causa principal de la persecución del mundo y del demonio? Pues ya jamás volvería a deleitarse en ella ni mujer ni hombre alguno. No la bastó con recluirse en un monasterio y allí dedicar su vida enteramente a la oración y penitencia, sino que quiso cubrir su bello rostro con un velo blanco que no se quitaría hasta la muerte, ni en los calores del verano ni en salud o enfermedad.

El Papa Pablo VI en la Homilía de su canonización refiriéndose a este hecho de Santa Beatriz, pronunció estas palabras: «Este radicalismo de los Santos pretende ser una sacudida a nuestra pereza y una invitación para que volvamos a descubrir tantos valores olvidados». Y añadió el Papa «La cándida nitidez de la Virgen -María Inmaculada- fue el ideal de su vida, y esa devoción se la dejó como herencia significativa a sus hijas espirituales.

LAS CONCEPCIONISTAS tenemos por tanto un mensaje a seguir, siempre actual. Misión-contemplación a favor del mundo que sufre y de tantos hermanos en peligro de perecer eternamente. Misión que nunca pasará. Cerremos los oídos a teorías que pretenden llevarnos por caminos muy distintos del Evangelio y de la sabiduría de la cruz. Tenemos a María Inmaculada y su hija Beatriz, Fundadora de un Carisma propio aprobado por la Iglesia y a él nos entregamos como pequeñas hostias de amor y reparación. El mundo y sus seguidores nunca lo comprenderán. Señal clara de que marchan por otros derroteros. No podemos ni queremos arrepentirnos de habernos entregado al AMOR-

LA ORDEN DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
El Papa Inocencio VIII aprueba la Orden de la Inmaculada Concepción, 30-IV-1489 Santa Beatriz de Silva la fundó en Toledo el año 1484. La Sierva de Dios Teresa Enriquez “La Loca del Sacramento” fundó en Torrijos el 2º Mº de la OIC en 1496. Fue erigido canónicamente en julio de 1507. Fue su primera Abadesa La Madre María de Calderón. (Discípula de Santa Beatriz)

 
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